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La Nueva Vida 1. De la Oscuridad a la Luz Cuando Jesús vino, Juan escribió que "la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron" (Juan 1:5, nota marginal, Biblia de Jerusalén), y así ha sido siempre. Para ser rescatados de este mundo de oscuridad, los hombres deben hacer algo más que solamente llevar un vida de sólida moral: tienen que acercarse a Dios creyendo y con fe. "Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios" (Juan 3:21). Pablo dice claramente que aquellos que están en este mundo de oscuridad andan de acuerdo a "la corriente de este mundo" (Efesios 2:2): son víctimas de la manera de pensar y vivir de su época. Esto es particularmente cierto hoy en día, cuando existen tantas opiniones "modernas" acerca de la religión, de Dios y del super-hombre, y Pablo lo subraya con una vívida metáfora, diciendo que las personas del mundo andan "conforme al príncipe de la potestad del aire": respiran la atmósfera de los delitos y pecados de su época; están bajo la influencia del poder invisible del mal que socava sus vidas hasta que les sorprende la muerte, en la que no hay esperanza ni pensamiento. ¡Qué realista y trágico es esto en nuestros días! Siendo nombrado juez de todos, Jesús juzgó al "príncipe" de este mundo oscuro, cuyos súbditos, dijo, "no creyeron en mí"; y Pablo describe al "príncipe de la potestad del aire" como "el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia." Este espíritu de maldad hace que las personas desobedezcan y menosprecien a Dios, para seguir su propio camino. Este fue el pecado de Israel, y es el pecado del mundo de hoy. Dios ve todo esto, y cualquiera que no salga del mundo para venir a la luz morirá en la oscuridad, como dijo Juan el bautista: "...el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él" (Juan 3:36). El mundo de la luz Este criterio "de la carne" es el que a veces lleva a un hermano o hermana a casarse con una persona que no comparte nuestra fe, porque tal persona supuestamente "lleva una vida tan buena como la mía." Se olvida que una vida "buena" tiene que ser una vida de obediencia a Dios. Pablo no razona así, sino que es franco y tajante al decir: "No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?" (2 Corintios 6:14,15). Esto parece ser una "dura palabra" (Juan 6:60), pero así es como Dios ve las cosas, revelando a sus siervos la situación de los que están en el mundo. De manera que hay mucha más razón porque los hermanos deben dejar brillar su luz bajo toda circunstancia, y más que nada al tratar de hacer amigos. El poder de la luz puede dar maravillosos resultados; Dios cuida de los suyos. Pero siempre debemos afrontar con valor las exigencias de Su llamado. Una excesiva amistad con el mundo es infidelidad con Dios. Santiago la llama "adulterio" (Santiago 4:1-5). En la nueva vida debemos afrontar la necesidad de hacer sacrificios que a veces nos pueden costar mucho, pero ¿acaso ha sido de otra manera en cualquier otra época? Fue así desde el asesinato de Abel hasta la muerte de Cristo, y todavía sigue siendo así. Cristo perseveró por el gozo que fue puesto delante de él, y es por este mismo gozo que debemos tomar nuestra cruz y seguirlo. El abismo entre el mundo de la oscuridad y el de la luz es ancho; la diferencia entre los dos mundos fue subrayada por Jesús cuando dijo, "El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios" (Juan 3:18). No hay nada superficial en la palabra "creer": significa unirse a Cristo, confiando en él. El mundo de la gracia En el mundo tenemos parientes, amigos y multitudes de otras personas, a quienes debemos revelar, por palabra y por hechos, este maravilloso "evangelio de la gracia de Dios," y nunca debemos flaquear en nuestros esfuerzos para llevarlos a la fe y a la esperanza de la vida eterna. Pero al hacer esto, nunca debemos ser tan débiles como para ceder ante la influencia mundana de ellos, aunque tengan buenas intenciones, porque poco a poco apagaríamos la luz que está en nosotros, trayendo sobre nosotros mismos la severa condenación de Jesús. Todos los días de nuestra vida deben ser días de acciones de gracias, "porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tito 2:11-13). Estamos viviendo en los últimos días de los gentiles, un momento histórico que debe darnos una mayor conciencia del valor inexpresable de la Verdad que tenemos, y del valor de cada momento que nos queda antes de la venida de Jesús. John Marshall Publicado por la Misión Bíblica Cristadelfiana Los Cristadelfianos somos una comunidad mundial de estudiantes de la Biblia. Si quisiera saber más acerca de nosotros y nuestras enseñanzas, por favor tomese unos momentos para navegar a través de www.labiblia.com. Tenemos aquí un muy amplio surtido de información acerca de nuestras creencias, y las verdaderas enseñanzas de la Biblia. |