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La Nueva Vida Sección Anterior | Indice | Siguiente Sección 13. La Práctica de la Oración Pueden existir dificultades. Algunos que han envejecido en la fe han confesado que no habían encontrado fácil orar; quizás debido a la timidez en hablar con el Padre, o porque suponían equivocadamente que debían usar cierta clase especial de palabras. Algunos han encontrado que no sabían por qué o sobre qué orar. Aun así el Padre es el Amigo más fiel de todos y podemos revelarle cosas que nunca diríamos a nadie más. La oración es la oportunidad para adorar, alabar y dar gracias, suplicar y gozar platicando con el Padre. Puede ser silenciosa o en voz alta, y puede usarse en cualquier lugar y en cualquier tiempo: en tranvía o autobús, manejando un automóvil o caminando al trabajo; en casa, en la oficina o fábrica; o aun mientras se está muy angustiado delante de un rey (Nehemías 2:4). El salmista escribió de un momento similar:
El espíritu de humildad Delante de nuestro Padre estamos destituidos de todo nuestro orgullo e insensatez humanos, y es apropiado que cuando oramos a El recordemos cuánto dependemos de Su amor y gracia. La oración en sí, cuando y dondequiera sea realizada, debe ser un acto de profunda humildad. De sus propias y angustiosas experiencias aprendió el apóstol Pedro esta gran lección: "Sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros" (1 Pedro 5:5-7). La oración es un modo espiritual de vida, y su característica es la humildad. Todo lo que decimos y hacemos debe ser controlado por una humilde confianza en Dios, y si alguno encuentra dificultad en expresar esta humildad al Padre, obtendrá ayuda en ilustraciones de las Escrituras sobre las vidas de aquellos que enfrentaron cambios de sus circunstancias y responsabilidades con esta humilde confianza en él. Cuando Salomón fue hecho rey de Israel sabía que posiblemente no podría cumplir su oficio con su propio esfuerzo: "Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven... Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo..." (1 Reyes 3:7-9). ¡Qué tragedia que Salomón fallara en preservar esta humildad hasta el final de su vida! La belleza de la santidad
Expresiones como ésta enfatizan que en la oración nuestros principales pensamientos deben ser la aceptación y el reconocimiento de la dignidad y santidad de Dios, nuestro Padre. Pensando de este modo le manifestamos nuestra reverencia y respeto por Su nombre y majestad. Nadie ha expresado esto con la perfección de Jesús: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre." "Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre" (Mateo 6:9; Juan 17:11). Tendemos, y en realidad nos apresuramos, a llevar nuestros problemas al Padre; pero somos tardos en reconocer nuestras bendiciones y agradecerle por la brillante visión de eternidad que nos ha dado para sostenernos en los infortunios que moldean nuestro carácter. El espíritu de alabanza fluye a través de las vidas de los fieles de la antigüedad:
Jes ús enfatiza que la oración es volverse a Dios para glorificarlo, y si esto viene a ser manifiestamente nuestro pensamiento habitual en las oraciones, nos sorprenderemos de la fortaleza que puede resultar cuando nos olvidamos de nosotros mismos y absorbemos al Padre. Pero el verdadero espíritu de este acercamiento surge del reconocimiento de nuestra propia indignidad frente a Su majestad. Isaías sintió esto muy fuertemente y sus palabras constituyen un saludable recuerdo de nuestra fragilidad (Isaías 6:1-7). ¡Cuán impuros apareceremos algunas veces delante del Padre! Otros han sentido esto también, especialmente después de una penosa falta:
Estas, entonces, son la base de la verdadera oración: humildad, adoración, alabanza, acción de gracias, penitencia; y a través de las Escrituras encontramos palabras y frases nobles que nos ayudan en nuestra tímida búsqueda de pensamientos para expresar nuestras emociones. Cuando con sobriedad reverente entramos al lugar santísimo por medio de la oración, lo hacemos sabiendo que tenemos libertad de expresión con El. Se nos permite hablar con El y comunicarle nuestras alegrías y ansiedades, nuestras penas y preocupaciones. Nadie debe preocuparse de las palabras a emplearse, porque El está acostumbrado a escuchar en una multitud de idiomas las oraciones de los hijos del Pacto que pueden ser analfabetos o altamente educados. Motivos personales Por naturaleza todos somos egoístas, y no entendemos con facilidad el hecho de que la ley y los profetas están fundados sobre un principio que no es egoísta: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente." Este es un amor que rinde al Padre nuestra entera personalidad, nuestro ser completo. Es un amor purificador y preocupado por los demás; es un amor semejante al de Cristo. Es también un amor que necesita de un segundo mandamiento: "Amarás a tu prójimo [semejante] como a ti mismo" (Mateo 22:37-40). La oración no es solamente hacia Dios, pues debe volver nuestros pensamientos hacia nuestros semejantes. Debido a que seguimos siendo tan fuertemente egoístas, olvidamos con frecuencia orar por los demás: nuestras preocupaciones personales ocupan el primer lugar. Los apóstoles Pablo y Santiago nos introducen a un sentido apropiado de equilibrio espiritual en este asunto. Sus epístolas ilustran el modo en que el segundo mandamiento debe ser aplicado en la oración. Es probable que raras veces pensemos en aquellos que nos gobiernan, orando porque puedan continuar una política que nos permita proclamar la Palabra de Vida a los demás. Pablo trae a nuestra memoria este deber: "Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad" (1 Timoteo 2:1,2). Santiago enfatiza la necesidad de pensar en aquellos en el compañerismo del pacto, y sugiere un grado de confianza que es muy raro encontrar en la actualidad: "Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados" (Santiago 5:16). Pablo se preocupaba constantemente por el cuidado de los santos, como escribe: "No cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad... " (Colosenses 1:9). Pero él también sentía muy profundamente su necesidad de las oraciones de otros para que se le ayudara en su cuidado de las iglesias y su ministerio del evangelio. Cuando escribió a los tesalonicenses su ruego fue breve, pero conmovedor: "Hermanos, orad por nosotros" (1 Tesalonicenses 5:25). Compañerismo de oración Debido a la multitud de razones para orar no podemos incluirlas a todas en cada oración; pero si nuestros corazones están llenos de la compasión de Cristo, podemos asegurarnos de que todas ellas estén incluidas en una o en otra ocasión. La oración es una comunión personal e íntima con el Padre, y debe usarse en cualquier oportunidad disponible. Cuán frecuentemente pudieron haber sido aliviadas las horas de insomnio por preocupaciones personales de haberse orado en vez de dar interminables vueltas en la cama. Hay ocasiones cuando la oración entona y forma un ejemplo de vida espiritual. Una de tales ocasiones es la comida de la familia, cuando desde una temprana edad los niños se acostumbran a que se dé las gracias. Hay pocas experiencias tan encantadoras como la de ver a un niño de dos años inclinar su cabeza mientras su padre rinde las gracias por la provisión de alimentos. La comida puede también estar llena de espíritu de adoración y de esperanza si algunas veces se repite el padrenuestro, modificándolo solamente en un lugar: "El pan nuestro de cada día, bendícelo hoy..." Si se usara con más frecuencia, esta perla de oraciones, breve y al mismo tiempo extensa, simple en expresión pero de profundo significado, se mantendría en nuestro afecto y recuerdo, en vez de ser descuidada. Otra ocasión en la que la oración piadosa puede ayudar a establecer el debido ambiente espiritual es en nuestra reunión pública para adorar y recordar a nuestro Señor, y cuando nos reunimos para proclamar el reino de Dios o estudiar las Escrituras. Oramos entonces en nombre de nuestros hermanos y hermanas, y debemos tomar en cuenta tanto a ellos como a nuestro Padre celestial. A causa del temor de una vana repetición en el uso del padrenuestro, por descuido utilizamos frases que no son bellas ni devotas, las cuales han llegado a ser tan familiares a través de los años, que los hermanos jóvenes las absorben y repiten en generaciones sucesivas. Sin embargo, cuando oramos nos presentamos delante del Dios Altísimo para hablar por todos. Hombres de oración "Señor, enséñanos a orar." Jesús era el único que tenía el poder y la autoridad de enseñar a los hombres a orar, y es uno de los milagros del Evangelio de Juan que su más grande e íntima oración se encuentre solamente allí. Jesús oró por muchas cosas, incluyendo el cuidado de aquellos que estaba a punto de dejar atrás. ¿Quién sino Jesús pudo orar por aquellos que aún no habían nacido espiritualmente? "Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste" (Juan 17:20,21). La nueva vida es tanto un camino de oración como un camino de fe. Mientras la doctrina puede informar nuestra mente, la oración, como comunión piadosa con el Padre, puede transformarla. Pero todos necesitamos la ayuda de los demás. Hermanos, oren por mí. Sección Anterior | Indice | Siguiente Sección Publicado por la Misión Bíblica Cristadelfiana Los Cristadelfianos somos una comunidad mundial de estudiantes de la Biblia. Si quisiera saber más acerca de nosotros y nuestras enseñanzas, por favor tomese unos momentos para navegar a través de www.labiblia.com. Tenemos aquí un muy amplio surtido de información acerca de nuestras creencias, y las verdaderas enseñanzas de la Biblia |