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La Nueva Vida 24. Esperando con Reverencia Un evento sorprendente Sucederá durante el día o la noche, dependiendo de la parte del mundo en que vivamos. Estaremos en el trabajo o en el recreo; posiblemente nos encontremos en una situación o lugar en el cual habríamos preferido no ser descubiertos. Pero en un segundo, con ninguna oportunidad para protestar o discutir, ya seamos entusiastas o tibios, seamos trabajadores activos en el servicio de Cristo o hayamos abandonado la Verdad, nos encontraremos en manos de un poder que va más allá de nuestro conocimiento mortal. Nuestra mente estará obviamente en un remolino de ideas. ¿Estaremos, como la mujer de Lot, preocupados o ansiosos por las cosas que dejamos atrás? ¿Estaremos angustiados por el bienestar de nuestros hijos, especialmente si son muy jóvenes? Si no están con nosotros, estarán al cuidado del Padre, pues ellos son su "herencia" (Salmos 127:3). De cualquier manera que pensemos, por encima de todo estaremos conscientes de la prevención de Pablo: "Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo" (1 Corintios 5:10). Debemos estar conscientes de que "si descuidamos una salvación tan grande" (Hebreos 2:3) tendremos temor del juicio, pues "¡horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!" (Hebreos 10:31). Pero si nos esforzamos con fidelidad hasta donde nuestra capacidad nos permita, tendremos la certeza de un juicio misericordioso porque Jesús es excelso en los atributos divinos de compasión, gracia, misericordia y verdad. El aspecto más admirable de este juicio es que cada uno de nosotros estará solo frente a su propio veredicto. ¡Cuánto deseará un esposo defender las debilidades de su esposa, o una esposa los defectos de su esposo! ¡Cuánto deseará cada uno borrar delante de los ojos de Dios las culpas de sus hijos! A todo esto debe darse atención ahora, pues entonces ya no será posible. El juicio será un momento solitario de examen de conciencia, y puede que muchos de nosotros deseemos hacer retroceder el tiempo. Mientras tenemos vida y tiempo podemos rededicar nuestras vidas al servicio de Cristo: podemos ayudarnos unos a otros rectificando aquellos aspectos de carácter que en nosotros son negativos y desagradables. La alternativa del descuido plantea la espantosa perspectiva del rechazo, el cual si lo meditamos, nos parecerá casi increíble. ¿Hay alguno de nosotros que pueda enfrentar con serenidad la posibilidad de que Jesús nos diga: "No os conozco"? (Mateo 25:12). Esto significaría el retorno a la vida mortal, con sufrimiento hasta su fin. La mera posibilidad del rechazo debe animarnos a estar más atentos a la voluntad del Padre y más amorosos los unos con los otros. Los hijos de Dios Ezequiel 38 y 39 y Zacarías 14 muestran la espantosa consternación y la merecida destrucción de los poderes guerreros en la tierra escogida de Dios. Es solamente cuando El, por medio de su Hijo escogido y de sus santos, haya ejecutado sus juicios que "de aquel día en adelante sabrá la casa de Israel que yo soy Jehová su Dios" (Ezequiel 39:22). Hay poca duda de que la primera tarea de Jesús será la de reunir todas las tribus de la tierra (Mateo 24:30), es decir las doce tribus dispersas por toda la tierra, para que los apóstoles sean asignados a sus prometidos tronos (Mateo 19:28) y ¿quienes podrían estar mejor capacitados para esta tarea que los santos que administrarán todos los decretos reales? Luego se proseguirá con el trabajo de reconstrucción en Palestina, para que el trono de Jesús sea establecido y la ley salga de Sion "y de Jerusalén la palabra de Jehová" (Isaías 2:3). Pero el orgullo nacional no se doblega fácilmente y es más que probable que una confederación de naciones disputará el derecho de Jesús a ejercer poder en el Medio Oriente. De nuevo, con Jesús, será la tarea de los santos reprender a muchos pueblos hasta que llegue el tiempo bendito en que las naciones "volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzara espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra" (Isaías 2:4). No será el placer de Dios, ni el gozo de Jesús y de sus santos el tener que ejecutar tan inevitables juicios, pero habrá una exultación de gloria cuando vean la tierra en descanso y paz. La siguiente etapa será la más sorprendente de todas; la eliminación de la pobreza, la ejecución de un gran proyecto de edificación, la distribución equitativa de alimento y vestido a lo largo y ancho del mundo, la introducción de un solo lenguaje y el establecimiento de comunicaciones y transporte a través de la tierra para que los hombres y mujeres de todas las naciones puedan ir a Jerusalén "de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos" (Zacarías 14:16) en la "casa de oración para todos los pueblos" (Isaías 56:7), y puedan predicar el evangelio eterno "a los moradores de la tierra" (Apocalipsis 14:6). El propósito del reino De Jesús se dijo que "por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios" (Hebreos 12:2). El gozo de Jesús comenzó cuando entró a la unidad eterna con su Padre. Será multiplicada en la gloria de los santos y se completará en las vastas huestes inmortales que serán el fruto de la labor de los santos en el reino. Todos serán reunidos con el Padre, y todos, incluyendo al hijo, estarán sujetos a él solo (1 Corintios 15:28). Todo lo que tengamos que soportar en la actualidad es poco comparado con la gloria de ayudar a Jesús a realizar los propósitos divinos en esta vida y en la venidera, y es por la riqueza de nuestro carácter, la inconquistable fortaleza de nuestra dinámica fe como podemos irradiar la luz que Jesús dijo que persuadiría a algunos a glorificar a Dios. Tal carácter y luz puede brillar aun en aquellos que están confinados a sus lechos. Entonces, la nueva vida es la escuela en la que aprendemos a desarrollar un carácter espiritual balanceado, uno que no tiene características extremas; uno en el que no puede haber exuberancia excesiva en una dirección y mal juicio en otra, pues es una imitación del carácter más bellamente balanceado en toda la historia: el Señor Jesús. De la misma manera que el apóstol Pablo debemos creer en nuestros corazones que para nosotros "el vivir es Cristo," porque él es nuestra esperanza de gloria. Esto establece una muy alta norma de desarrollo espiritual, pero la visión de entrar en la inefable gloria de perfecta unidad con el Padre estimulará en nosotros tal fortaleza de convicción en nuestros propósitos espirituales, tal amor en el servicio a la familia de la fe, tal humildad de pensamiento en nuestra relación unos con otros y con todos los hombres, y tal reverencia para la majestad del Padre y sus propósitos para que él en su misericordia pueda considerarnos personas apropiadas para su gloria. Las bodas del Cordero John Marshall Publicado por la Misión Bíblica Cristadelfiana Los Cristadelfianos somos una comunidad mundial de estudiantes de la Biblia. Si quisiera saber más acerca de nosotros y nuestras enseñanzas, por favor tomese unos momentos para navegar a través de www.labiblia.com. Tenemos aquí un muy amplio surtido de información acerca de nuestras creencias, y las verdaderas enseñanzas de la Biblia |